Carlos Bresciani (45) es una de las voces de la Iglesia jesuita que mejor conoce lo que ocurre en territorio mapuche: hace más de diez años, cuando tenía 33 años, partió desde Santiago para vivir en las comunidades de Tirúa, en la región del Bío Bío.

Como el jefe máximo de la misión jesuita mapuche en la zona, y acompañado de otros dos religiosos, convive junto a sus habitantes, trabaja con ellos y observa en detalle, y dada su experiencia, se para desde una posición crítica sobre cómo ha manejado el Estado el conflicto histórico con dicho pueblo.

Por eso, ve la llegada del Papa Francisco a Chile y su paso por La Araucanía como una oportunidad para poder dar a conocer al país la realidad “de usurpación territorial” que vive la comunidad. También manifiesta sus reparos respecto de la forma en que se gestionó la venida de la máxima autoridad católica –que califica como una “visita de doctor”– debido lo “hermética” que ha sido su organización, que por ejemplo, negó un encuentro a las víctimas de Fernando Karadima.

En conversación con El Desconcierto, Bresciani además manifestó sus críticas al “silencio cómplice” que ha mantenido la Iglesia Católica a nivel institucional frente a “realidades muy crudas que se viven en comunidades”.

¿Qué esperas tú de la venida de Francisco?

Espero dos cosas. Una, que sea una oportunidad para visibilizar realidades que están invisibilizadas por nuestro racismo ambiental, institucional, y hasta eclesial. Es una oportunidad en un día en que todas las cámaras del país, todas las miradas van a estar durante un rato pequeño, lamentablemente, puestos en Temuco. Y lo mismo en Iquique con el tema migrantes y otras realidades.

Y espero que sus palabras y sus gestos puedan ayudar a visibilizar esas realidades, que de verdad se haya enterado bien de lo que pasa acá en el territorio, de las comunidades violentadas, de la realidad histórica que vive acá el pueblo mapuche de usurpación territorial, de devastación económica a través de las forestales. Bueno, él ha sido bien consistente, pero espero que pueda decirlo aquí en terreno, con todos los actores involucrados en Temuco, ya sabemos cuál son: Multigremial y compañía.

Pero también espero que la sociedad civil también pueda levantar esa voz, voz que ha costado mucho que se pueda levantar en el proceso previo. Ha sido un proceso bien hermético, a diferencia del proceso hace 30 años atrás, aunque sí estamos hablando de otra Iglesia en otro país y en otra sociedad.

¿Compartes lo que dijo Mariano Puga y sus críticas sobre la organización?

Absolutamente. ¿Sabes la sensación que tengo? Te juro que me da mucha pena, pero es como que en la Iglesia tuviéramos –y me incluyo– miedo de escuchar, de verdad de escuchar a la gente y ponernos en sus zapatos, y dejar que sea la gente, las comunidades de base, las comunidades territoriales, las personas de a pie, los pobres, los destruidos, los pueblos, quienes expresen su voz sobre la realidad del país a la cual viene el Papa.

Puede ser que la gente no esté ni ahí con la figura del Papa, que no sean católicos, lo que sea, pero esta es una oportunidad para decir “viene alguien con quien quizás yo no comulgo, pero como todo el país va estar en modo Papa, es una oportunidad para decir lo que de verdad está pasando en este territorio”. El problema es que ese proceso previo no se dio, entonces queda la sensación de una Iglesia con miedo, que por lo tanto, pone un montón de barreras, incluso hasta tecnológicas, para llegar a la misa. Da la sensación de un terror, que en el fondo es el miedo histórico que ha tenido la Iglesia los últimos 20 o 30 años de salir a la sociedad, y meterse en la calle, embarrarse los pies, aunque uno sepa que va a salir trasquilado. Y sí po, uno va a salir trasquilado, pero es parte del proceso.

Ojalá que el Papa pueda repetir grandes palabras que ha dicho a lo largo de los años, como cuando estuvo en Bolivia con las comunidades indígenas. Yo espero que sus palabras y ojalá también sus gestos –no sé cuáles pueden ser porque está todo tan maqueteado, pero este hombre a veces se sale un poquito del libreto–, puedan de alguna forma reflejar esa realidad.

A propósito del caso que me mencionas de Bolivia, cuando el Papa fue para allá se generó todo un proceso de diálogo con movimientos indígenas, cuyos resultados incluso fueron tomados en cuenta para la encíclica Laudato Si. Ahora también irá a Perú, donde se reunirá con comunidades indígenas. ¿La diferencia está entonces con la Iglesia chilena?

Él se va a juntar con líderes de Perú, Bolivia y Brasil, y uno se pregunta ¿cómo? No tengo idea cuánto de agenda hay manejada desde el Vaticano y cuánto desde Chile, pero sé que les piden a los países que manejen gran parte. Entonces vemos que la Iglesia peruana sí es capaz de generar un encuentro con líderes indígenas y campesinos que están sufriendo en un contexto muy claro: en la Amazonía, en medio de la presión de las petroleras por explotar el territorio, con todas las manifestaciones que han habido en el mismo Perú. Un gran ejemplo es el “Baguazo” que hubo en 2008, cuando los hermanos amazónicos se levantaron, producto del tema de las petroleras, para cambiar una ley que se iba a emitir. O sea, el Papa no va a lugares neutros, se va a poner de un lado. Y aquí, una misa. No digo que esté mal la misa, está bien, pero es una misa multitudinaria, un megaevento, como si todavía estuviéramos en la cristiandad, y hay cero encuentro real con la gente. Yo no sé quiénes van a ir a ese almuerzo de después, temor y temblor de quién vaya a ir.

Pero el Papa sí fue bastante estratégico en los lugares a visitar en Chile…

Eso es súper significativo. Yo creo que los elige con la intención de que pueda hacer algo como en Puerto Maldonado, en Perú, que es una zona similar, pero lo concreto lo maneja acá Chile. A mí en junio me preguntaron qué opina usted de la visita del Papa, nosotros mandamos lo que nosotros creemos, que es un poco lo que estamos hablando, y sería todo. Nunca más me preguntaron nada.

¿Qué te parece que haya protestas convocadas, sobre todo por el tema de los abusos en la Iglesia?

Me parece que hay que visibilizar las cosas. Uno podrá estar de acuerdo o no en los modos, pero también frente a la poca o nula respuesta, hay que decir las cosas por otros lados. Yo creo que la gente tiene el derecho –si no tiene el espacio o cree que no lo tiene– a poder expresar lo que siente como malestar sobre la Iglesia o del país.

El tema es que en este país, como no hay diálogo político ni democracia real, porque tenemos una democracia bien de papel, crear los espacios ciudadanos de verdad, de participación, de voz, de decisión, siguen siendo manejados por los mismos dueños de fundo que fundaron este país, con nosotros como inquilinos comiendo de la pulpería, donde las fichas las manejan ellos. Entonces en el fondo me parece que lógico, ciertamente no me gusta que hayan protestas en el sentido de que ojalá fuera todo tranquilo, pero una cosa es que sea todo tranquilo y otra cosa es ocultar la verdad.

Decías que ojalá el Papa se haya enterado de la realidad allá en La Araucanía, ¿cómo crees tú que él ve un conflicto mapuche?

Yo sé lo que ha salido oficialmente en los medios, y además el obispo Vargas mandó las conclusiones de la comisión presidencial, que no sé si es el mejor documento para mandarle al Papa. Ahora, ¿qué sabe el Papa? No tengo idea. Por eso, para mí es expectación en torno a lo que pueda decir y hacer. Yo espero mucho por la historia que tiene él de otras palabras que ha dicho, el tema es que exista el espacio para que lo haga, si ese es el cuento. Que sea coherente con esas palabras también en Chile, más allá de los cercos informativos y de las presiones políticas que puedan haber, más allá del miedo eclesial.

¿No crees que su figura es controversial yendo a La Araucanía? Hace poco Aucán Huilcaman pidió que pidiera perdón por el genocidio mapuche, y el tema de las iglesias quemadas dan cuenta de cómo percibe una parte del pueblo mapuche el rol que históricamente tuvo la iglesia en dicho territorio.

Creo que hoy hay mucha más conciencia de esa historia, de la historia de la alianza colonial de parte de la Iglesia en los mundos indígenas, y aquí con el mundo mapuche en particular. Pero yo creo que no sólo hay que pedir perdón, sino que el perdón –además que eso lo creemos por doctrina– va acompañado de acciones concretas, y las acciones tienen que ver con restituciones territoriales, con diálogos comunitarios, en cómo colaboramos juntos. Yo creo que el horizonte lo compartimos, que es una vida digna de vivir en el territorio, el tema es que lo compartimos pero no nos enrollamos en eso. Pero me parece bueno que salgan esas voces, y me parece bueno que el Papa Francisco pueda hacer un gesto de perdón, de humildad, también de reconocimiento de una realidad que está instalada no solo en términos de una situación conflictiva de tensión, sino también la realidad de que existe un pueblo con identidad, con religión, con una lengua, aquí hay un pueblo vivo que ha luchado, que se ha defendido, que ha resistido, y si en eso podemos colaborar, bien po.

¿Cómo analizas el rol de la Iglesia en el conflicto mapuche en los últimos años? Desde la participación en mesas de diálogo hasta personalidades polémicas, como la del obispo Stegmeier.

Yo creo que en general los últimos años hemos estado –digo institucionalmente– bastante en silencio frente a realidades muy crudas que se viven en comunidades. Algunos locos decimos una cosa por aquí, por allá, pero en el fondo, institucionalmente ha sido bastante en silencio. Y ese es un silencio medio cómplice, porque antes han habido palabras bien fuertes y claras de obispos anteriores que han estado en La Araucanía y en el territorio mapuche no solo de solidaridad sino que de un llamado de atención fuerte a la sociedad y el Estado chileno para comprometerse en el tema de una solución política al tema de conflicto.

Ahora la Iglesia es algo bien variado, lo que pasa es que algunos suenan más y otros menos, y han habido obispos como el de Villarrica que ciertamente han tenido actuaciones nefastas con respecto al tema mapuche. O sea, borró de un paraguazo la pastoral mapuche, cerró un espacio de encuentro, de diálogo, y eso fue borrado, y tuvo un lío tremendo con la comunidad local a partir de un seminario. Entonces tú dices, bueno, esas acciones tienen consecuencias. Después nos prestamos para supuestamente generar mesas de diálogo cuando ni siquiera tenemos la credibilidad. Participemos en la mesa como uno más, si quieren, pero no dirigirla. Además, una mesa que termina siendo no de diálogo, sino casi de respuestas de la Multigremial. Sé que igual se batalla desde dentro con hartos tira y afloja, pero a veces uno tiene que tomar posición no más.

Ha habido acciones que no han ayudado mucho en estos diálogos, pero también ha habido otras que han sido notables como la del obispo de Concepción cuando un grupo se tomaron la catedral a propósito de la huelga de hambre, para mí eso fue paradigmático. No es que él estuviera a favor de la toma, estaba disgustado, pero una cosa es que yo pueda tener una opinión contraria al modo cómo se están haciendo las cosas y otra cosa es que yo responda con violencia, y él no mandó a los Carabineros. Y yo me imagino, estoy seguro, que debe haber recibido muchas presiones no solo políticas sino también eclesiales, y él se mantuvo sin estar de acuerdo con la toma, no la quería, pero dijo “no voy a responder con esa moneda”, y esa respuesta uno no la ve en otros. Mandan al tiro a los Carabineros, los pacos.

Entrevista publicada en El Desconcierto. 

Carlos Bresciani SJ

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