La gran cantidad de Congresos y Foros en los que se abordan temas relacionados a desarrollo sostenible y ecología, es una de las tantas evidencias de la preocupación sobre los altísimos costos y nefastos efectos del actual paradigma de desarrollo, representados en la actual crisis ecológica y social. A partir del paradigma tecno-científico capitalista, el neoliberalismo extractivista y oligopólico constituye una de las principales variables explicativas del preocupante estado en que se encuentran poblaciones y territorios periféricos. Desigualdad, degradación del trabajo[1], expansión de la gran propiedad, destrucción de ecosistemas con los consiguientes efectos en las comunidades que en ellas viven[2] y migraciones forzosas, son unos de tantos efectos devastadores del nuevo capitalismo.

Aquel diagnóstico es, en buena medida, refrendado por la Carta Encíclica Laudato si (2015), la cual realiza una profunda crítica al mencionado paradigma cultural y económico hegemónico. Especialmente, en su capítulo tercero, dedicado a la “Raíz humana de la crisis ecológica” (nn. 101-136), Francisco invita a examinar críticamente el paradigma dominante (n. 101), del cual no desconoce sus frutos positivos (n. 102-103), pero también lo cuestiona como aparato de poder y dominación que riega injusticia (n.104).

En Wallmapu –territorio mapuche– se experimenta esta crisis como padecimiento injusto y desgarrador. Injusto, porque se ha avasallado no solo los territorios y comunidades, sino también porque se ha invalidado la sabiduría propia de este Pueblo, el Küme Mongen (Buen Con-Vivir), y sus aportes para la construcción de un mundo más justo, diverso y acogedor. Desgarrador, porque el carácter hegemónico y dominante del paradigma tecno-científico capitalista también se ha ido incrustando en la misma cultural mapuche introduciendo la competencia y el individualismo, en su faceta desarticuladora.

Ante esto, nos parece necesario detenernos en el Küme Mongen como sabiduría  mapuche inagotable, pero abierta como oferta de buena vida para todos. Pretendemos compartir algunos aspectos que no dejan de ser más que bosquejos tentativos o coordenadas para adentrarnos en el Buen Con-Vivir mapuche. Y es que, hablar del mundo mapuche y uno de sus paradigmas constitutivos, exige recocer un ámbito que excede nuestra lógica y leguaje racionalista, que intenta cartesianamente dividir para entender. Hoy olfateamos, vislumbramos y tanteamos con la esperanza de que el diálogo, la experiencia de compartir lo cotidiano y ceremonial en el territorio mapuche, vayan permeándonos, enseñándonos a sentir de nuevo, pero jamás a poder definir.

Küme Mongen del Pueblo Mapuche

Podríamos comprender el Küme Mongen como la sabiduría que configura el modo de vida mapuche, el cual está lejos de ser ahistórico y descontextualizado, pues está presente también en las actuales demandas de este pueblo. La lucha por reconocimiento y autonomía es también encarnación de su propio Küme Mongen, que da cuenta de quienes son. Algo de esto deja entrever Francisco, cuando refiriéndose a lo que está en juego en una verdadera preocupación ecológica no es la humanidad que queremos construir (un problema de diseño sustentable), sino la expresión misma de la humanidad que somos (n.160).

Hablamos de una sabiduría que configura al Pueblo Mapuche invadido y saqueado por del Estado chileno luego de violar sucesivamente los tratados de Yumbel (1823) y Tapiwe (1825). El mismo Pueblo que luego fue reducido a porciones miserables de terreno[3] a través de los irónicos títulos que llevan por nombre “Merced”. Se trata del mismo pueblo que ya en 1910 forma la primera de muchas asociaciones para dialogar con el Estado chileno sobre los problemas de tierra, y que hoy son acusados de intransigentes. Un pueblo sobreviviente  a los atropellos y a un despojo territorial sin solución hasta hoy, agravados por la tercera invasión a territorio mapuche a partir de 1974, caracterizada por el financiamiento al monocultivo y  las empresas forestales implantadas en su territorio. Aludimos al Pueblo Mapuche que, sin ser guerrero, continúa luchando, dirigiéndose a sus kuivikechepu lonko, rogando al ritmo del kultrun y trabajando su tierra, educando a sus hijos, solucionando problemas con los vecinos y celebrando la vida en familia. Es de ese Pueblo Mapuche que hablamos cuando nos referimos al Küme Mongen.

Por supuesto, existen también problemas e injusticias al interior de este Pueblo. No son perfectos. También han sido influenciados por otras culturas y estilos de vida, algunos que los han enriquecido y otros que los han deformado y desarticulado. Pero queremos referirnos a su sabiduría profunda, el Küme Mongen, como reserva de vida digna y oferta de un mundo más ancho.

Sostenibilidad ¿de qué desarrollo?

Conviene detenernos en la ambigua pregunta acerca del “desarrollo sostenible”. La preocupación por este tema exige aclarar qué desarrollo se quiere hacer sostenible. Pues si un determinado modo de desarrollo nos ha traído a la actual crisis y nos exige pensar en sostenibilidad, lo lógico sería modificar el paradigma que nos trajo hasta aquí. Por ejemplo, en territorio Mapuche son claros los daños que ha provocado la industria forestal, que van desde ocupación de tierras comunitarias hasta la explotación intensiva y expansiva de los suelos, y progresivamente a un agotamiento de las aguas, provocando problemas de salud y alimentación (Ver: documental Plantar Pobreza). Cuando se piensa en sostenibilidad, se piensa en cómo hacer sostenible el negocio de la industria maderera intentando provocar el menor daño posible. Sin embargo, jamás se considera cómo hacer sostenible la vida de la comunidad, supeditando a ello la pertinencia de la industria. De este modo, por más sellos verdes y huellas de carbono que coleccione la industria forestal, no hay indicio alguno de una real preocupación por la sostenibilidad, ni mucho menos por quienes padecen sus efectos negativos.

Esta situación que violenta al Pueblo Mapuche, también acontece con otros Pueblos Indígenas. Es por esto que Francisco llama la atención al momento de pensar el desarrollo: “Hace falta incorporar la perspectiva de los derechos de los pueblos y las culturas, y así entender que el desarrollo de un grupo social supone un proceso histórico dentro de un contexto cultural y requiere del continuado protagonismo de los actores sociales locales desde su propia cultura. Ni siquiera la noción de calidad de vida puede imponerse, sino que debe entenderse dentro del mundo de símbolos y hábitos propios de cada grupo humano” (n .144)

Para Francisco parece clara la necesidad de buscar sabidurías que superen al actual paradigma y sus negatividades. Pues este, despliega un concepto de individuo expansivo, de dinámica productiva/posesiva proyectada hacia un horizonte ilimitado, bajo el falso supuesto de crecimiento ilimitado (n. 106). La tendencia hegemónica del paradigma tecno científico capitalista, que se presenta a sí mismo como universal, y por tanto, medida de toda medida, está a la base de la actual crisis, según Francisco (n. 107). Tal  situación “nos pone ante la urgencia de avanzar en una valiente revolución cultural” (n. 114)

Küme Mongen, fuente de sabiduría

Después de algunos años en territorio lavkenche, en Tirúa, provincia de Arauco, hemos ido comprendiendo el Küme Mongen como el anhelo de una vida en armonía con todos los seres, con los demás hombres y mujeres, con Dios y las fuerzas espirituales, con la naturaleza en sus infinitas manifestaciones y con uno mismo.

Lo anterior se vive en cada territorio, lugar que engloba el todo local dentro del que se vive y donde se establecen relaciones diversas, cohabitando la realidad cotidiana y material con la espiritual. Desde esta sabiduría no existen partes subsistentes por sí solas y externamente relacionadas, sino más bien, dimensiones que constitutivamente existen en relación, formando un todo vital, animado espiritualmente y lleno de energías. Los Ngen representan esta energía vital, que todo anima y todo cuida. Todo está en constante relación, todo tiene un sentido y consecuencia, todos están implicados. En este sentido, el Küme Mongen ofrece interesantes elementos para una comprensión integral de nuestra relación con la naturaleza, como plantea Francisco (n. 139), ante las cortas y parciales respuestas que ofrecen ciertas tendencias ecologistas (n. 111).

Desde el Küme Mongen la relación con la naturaleza –Ñuke Mapu– es de interacción y no de apropiación. Así, es común que cuando se va a sacar algo de ella se le pida permiso, como también para circular por determinados lugares. No se trata de una relación romántica, sino de una relación de reconocimiento, respeto y reciprocidad con quien sustenta la vida de la comunidad. Kümeke (buenos) y Wedake (malos) pulonko (espíritus) actúan en el territorio también. La sabiduría transmitida por los Kuivikeche (ancianos) es la que entrega el conocimiento de cómo relacionarse con estas realidades.

Cabe destacar el sentido de interrelación y mutua dependencia con la que se comprende el territorio. La enfermedad, por ejemplo, no se comprende meramente como una disfunción o daño de un órgano en particular, sino como un acontecimiento que incorpora un sentido según las relaciones que se han tenido con el territorio, y exige también, ciertas acciones para encontrar alivio. Se trata de una comprensión de la salud bastante más integral que la comprensión tecno-científica.

Para el mapuche los ancianos son fundamentales, pues traspasan el kimün (conocimiento) recibiendo de ellos el futuro de su Pueblo. La sabiduría transmitida en la convivencia cotidiana enseña a relacionarse con la Ñuke Mapu como fuente espiritual, de alimentos y salud.  Como muy bien lo expresó una ñaña en nuestra localidad a quién preguntaron sobre dónde encontrar lawen (hierbas medicinales). Ella dijo: “todo lo que da la Ñuke Mapu es lawen para quién tiene el kimün”.

Ubicado el Wallmapu, en la cosmología mapuche, entre el Wenu mapu (tierra de arriba) y el Minche mapu (tierra de abajo), el equilibrio entre las fuerzas y energías que se presentan en el territorio es importante. Las relaciones tienden a cuidar este equilibrio y se caracterizan por estar asentadas en el reconocimiento, respeto y reciprocidad tanto con las personas como con la naturaleza, pues todos forman parte del territorio.

Esto se hace muy gráfico en las celebraciones espirituales, como los llellipun o nguillatun; reservas siempre renovadoras y actualizadoras del Küme Mongen. En la rogativa converge lo espiritual con la Ñuke Mapu, la reciprocidad en el ofrecimiento de alimentos, la danza ritual, las risas y bromas, las penas y lo solmene, también la diversión en el palín, el encuentro de la comunidad y la puesta al día de los últimos acontecimientos, etc.

Esta integralidad de la comprensión de nuestras relaciones incluida la naturaleza y lo espiritual es un aporte tremendo del Küme Mongen. Más aún, cuando el paradigma hegemónico tecno-científico capitalista ha fragmentado el conocimiento, e impuesto sus criterios de validación a todo conocimiento. Cuestión que, como reconoce Francisco, no resulta beneficiosa para la construcción de un horizonte amplio que articule las distintas dimensiones cosmológicas, antropológicas y sociales tan necesarias para una vida digna (n. 110).

Palabras finales

La sabiduría del Pueblo Mapuche, continuamente ignorada por los medios de comunicación masivos que reducen todo al fuego y al conflicto, ofrece un decantado de siglos de Buen Con-Vivir que integra al ser humano en una relación constitutiva con su territorio y todos quienes lo habitan y sustentan. Una sociedad como la nuestra, que continuamente se pregunta por la sostenibilidad debido a su irresponsable trato con la naturaleza y los más excluidos, podría aprender mucho de la sabiduría del Küme Mongen. Sin embargo, es preciso tener presente que no se trata de una fórmula mágica ni mucho menos de la fórmula de solución de todos los problemas del mundo, sino de una sabiduría que ha descubierto que todos estamos implicados e interrelacionados material y espiritualmente con nuestros territorios, y que por lo mismo, nos convoca a encontrarnos, a conocernos, a con-vivir y comprometernos. En esta perspectiva, valores como el respeto, el diálogo y la reciprocidad son los modos en que cotidianamente se reproduce y actualiza el Küme Mongen.

[1] Desempleo  y precarización del trabajo (bajos ingresos, inseguridad e inestabilidad laboral).

[2] Degradación de condiciones materiales de campesinos y comunidades indígenas, principalmente, en zonas rurales.

[3] Luego de la invasión chilena, su territorio fue reducido de 10 millones de hectáreas a solo 500 mil, quedando en promedio 6 hectáreas por persona.

Publicado en Revista Mensaje.

Jesuitas Tirúa

Nicolás Rojas Pedemonte

Info Nicolás Rojas